Conversando con Padura sin ‘pauras’


Waldo Acebo Meireles

Recientemente recibí en mi casa la visita de Leonardo Padura que, gracias a un amigo común, me contactó para conversar sobre Hialeah, su historia. No fue una entrevista que yo le hice, más bien fue el quien me entrevistó a mí.

No aceptó una cervecita alegando que la última que había tomado en Angola en los años 80’ le había producido un dolor de cabezas tal que jamás lo había repetido, supongo que fue una Cuca, la cerveza angolana por antonomasia. Tampoco lo motivaron mis buenos rones y mejores coñaques.

La entrevista duró un par de horas y fue básicamente sobre Hialeah, me explicó el esquema de una futura novela en la que una de sus locaciones será ‘la ciudad que progresa’ y yo le trasmití lo mejor que pude los conocimientos que he acumulado durante unos cuantos años de investigación sobre ese tema. Tomó notas a pesar de que le entregué varios manuscritos y colecciones de notas, revisamos mapas y ubicamos elementos de interés.

Fue una conversación grata, donde me trasmitió su método de investigación, de ponerse en el lugar y la época en donde transcurren sus novelas y todo el tiempo que dedica a ello, sin petulancias me dejó saber ─ya lo sabía─ que le puede dedicar a ese obstinado proceso todo el tiempo del mundo ya que sus editores no lo presionan.

Como de paso hablamos de política, y de Mantilla, que forma parte de un municipio que yo historié y le regalé mi libro sobre el tema; sobre su mamá nonagenaria y sobre su esposa que se llama Lucía, como la mía, que nos preparó el tradicional café cubano para servir a las visitas.

Mi amigo Roberto ─viejo pedagogo cubano y ‘fan’ de Padura─ al cual yo invité, trajo consigo el único libro que he leído de Padura, [El hombre que amaba los perros] este se lo dedicó muy expresivamente y quedamos en mantenernos en contacto.

Conclusión: No voy a hacerme ‘fan’ de Padura ya que no soy devoto de la literatura policial, pero mi visón de él giró 180 grados, tipo fácil, ameno, sin arrogancias, ni frivolidades, con una visión y opinión bien definida, que yo entiendo y comprendo, no hay que estigmatizarlo, aunque todos podemos cuestionarlo.

Al despedirnos le dije: No te hice ninguna pregunta difícil y el me respondió: las difíciles te la hice yo.  Quedamos amigos, estaré a la espera de esa novela, de la cual me adelantó la trama y que prometo leer.

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