El gran acertijo


Waldo Acebo Meireles

Quizás no ha existido una ley más apasionada y persistentemente combatida por los republicanos que la ‘Affordable Care Act’, más conocida como Obamacare. En los pasados años han tratado repetidamente de abolirla, más de 50 veces el Congreso ha intentado su eliminación. El presidente Donald Trump prometió durante su campaña su reemplazo por algo mejor y más económico.

En mayo, después de meses de complejas y arduas negociaciones, la Cámara de Representantes con mayoría republicana logró pasar, por estrecho margen, el reemplazo, la ‘American Health Care Act’.

A pesar de esa victoria su definitiva aprobación por el Senado enfrentará posiblemente meses de deliberaciones y el hecho de que su aceptación puede poner en peligro la protección a más de 20 millones de norteamericanos entre los más pobres, viejos y necesitados, la propuesta reducción de fondos para el Medicaid lo hace una píldora, ya que el tema es de salud, difícil de tragar.

En mi criterio la más inmediata respuesta es arreglar lo que sea necesario del Obamacare y no su simple eliminación. Pero la real solución al problema de la salud en los EE.UU. va mucho más allá de una ley, cualquiera que ella sea que no pretenda darle un vuelco total a las posiciones ideológicas de los congresistas y los intereses económicos de las compañías aseguradores y los omnipotentes consorcios farmacéuticos que se encuentran detrás de esos criterios.

¿Qué explicación dar a que el país con la economía más poderosa y dinámica del mundo sea incapaz de proporcionar a sus ciudadanos un sistema de salud universal y gratuito? El supuesto y horrible fantasma del socialismo no ha impedido que naciones tan capitalistas como EE.UU. adopten un sistema de salud justo para sus ciudadanos. Incluso países no desarrollados, como Costa Rica, lo tienen y han obtenido índices de salud superiores a este país, que se precia de tener la mejor medicina y hospitales a nivel mundial.

Tres anécdotas: Un amigo que reside en España en un viaje a Inglaterra hace un par de años sufrió una caída y esta le provocó una fractura abierta y múltiple del brazo derecho, fue llevado al hospital más cercano, solo necesitó mostrar que era un residente legal en España, no necesitó ningún seguro, lo sometieron a todas las pruebas necesarias y fue operado para reducir la factura, cuánto le costó: cero.

Un familiar cercano, en una visita a Portugal, dio un mal paso y se le inflamó el tobillo, recurrió a un ortopédico que le recomendaron en el hotel y fue atendido, le vendaron el tobillo para inmovilizar la luxación, le facilitaron los medicamentos necesarios e incluso una muleta, pudo continuar su visita y el costo fue de menos de 100 dólares.

Yo, en una visita a La Coruña, olvidé, no me explico cómo, las medicinas que debo tomar para más o menos mantenerme con alguna eficiencia, y al percatarme del fatal olvido, me dirigí con cierto temor a la farmacia más próxima expliqué mi situación, mi calidad de turista, y me vendieron las medicinas excusándose por los precios ya que yo ni era español ni tenía receta, el costo: unos 40 dólares, esas mismas medicinas aquí me las paga el Medicare, que negocia los precios, y le cuestan $53.55.

Algo anda muy mal con la salud en este país y no son los enfermos.

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