Algunos sí van


Por Manuel Adrián López

Cuba se ha puesto de moda, en realidad se pone de moda cada cierto tiempo, una y otra vez. Ha sido la isla prohibida, portón de fantasías para el mundo entero, jardín de juegos para los privilegiados y los perversos. En los 50’s Ava Gardner viajaba a la Habana para comprar en El Encanto, además de escaparse con los mulatos que tanto le gustaban. Ya sabemos de sobra la conexión del escritor Hemingway con la isla. Los intelectuales franceses, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir llegaron en el 1960 para entrevistar al Che y hacer un recorrido. A finales de los 70’s Billy Joel se presentó y su canción Honesty fue tarareada por todo un pueblo sin entender una sola palabra de lo que el americano cantaba. En los 80’s se vació un poco la isla, la supuesta “escoria” se marchó por aquel puerto de El Mariel que tanto recuerdo. Los rusos que habían llegado con su falta de desodorante se mezclaron y hasta algunos terminaron casados, emigrando años más tarde a Hialeah, “La ciudad que progresa”, del otro lado del charco. Los españoles, colonizadores eternos poco a poco fueron clavando las uñas como saben hacer. Empezaron a abrir hoteles, los Sol y los Meliá y Cuba en los 90’s se prostituyó al máximo, mientras el pueblo padecía del tal período especial. Sus profesionales dejaron los trabajos mal pagados y salieron a las calles, y al eterno Malecón a buscar el dólar en lo mejor que supuestamente sabe hacer el cubano, el sexo. Los italianos, canadienses, mexicanos y cientos de otros vinieron a buscar a las dulces cubanas, a las prohibidas niñas y niños en sus países, los Gay fueron en masa en busca del mulato meloso que se casaría con ellos en libertad. Todos regresaban con una historia de amor y los bolsillos rotos. Se revolucionó el avispero. Los americanos, astutos y calculadores como siempre fueron uno de los primeros en traficar; la industria Porno americana fue en busca de los machos y mujeres más calientes del Caribe.

Ahora los poderosos han decidido que Cuba se abre y Venezuela se cierra, el más blanco de los negros, el presidente de los Estados Unidos viaja a la isla. La estrategia obvia de marketing. Si un presidente americano viaja a la isla por primera vez en 90 años, entonces todo anda bien, ¿o no?

La rubia Paris Hilton investiga entre mojitos para que le devuelvan algo de lo que perteneció a su abuelo. Se la ve con el hijo mayor de Fidel, fumando tabacos y bailando, seguro al ritmo de Los Van Van. Rihanna se desnuda para Vanity Fair y lo hace en una habitación de paredes manchadas por la humedad y la falta. Siempre la falta asociada a Cuba. Los Rolling Stones van a presentarse, gratis además. Eso me cuadra, por lo menos alguien del pueblo irá a verlos. Es muy probable que también le hagan un monumento, otro banco enfrente del que le han hecho a John Lennon.

Del regreso de los cubanos, eso es un capítulo completamente aparte. El oportunismo de un lado al otro del estrecho de la Florida es para escribir una enciclopedia. Margaret Mitchell escribió en su monumental “Lo que el viento se llevó” que con la destrucción y la edificación de un país se hace mucho dinero. Cuba es prueba fiel de eso.

Karl Lagerfeld, excéntrico diseñador de la casa Chanel lleva su show de primavera a la Habana. Las cubanas con sus licras multicolores saludarán con banderas remendadas de sus prendas íntimas desde los balcones del Paseo del Prado. Mientras a un año de la supuesta apertura, más de 12,000 cubanos buscaban amparo en cualquier lugar que los sacara del limbo emigratorio en el que permanecían en Costa Rica.

Los famosos no han dejado de visitar a Cuba. En el 2005 la banda inglesa Simply Red dio un concierto en El Gran Teatro de la Habana. ¿Acaso, se han olvidado del famoso concierto de Juanes y compañía? Los viajes una y otra vez de Olga Tañón causaron revuelo y mucha publicidad gratuita para la cantante en descenso. Hay un rumor que he oído una y otra vez, un chisme de esos, que la cantante boricua Lucecita fue prácticamente expulsada de la isla después de decirle al máximo líder que ella tenía más cojones que él.

Es infinita la lista de visitantes a esa isla que para muchos es simplemente un parque infantil, donde los juegos son todos permitidos, sin importar los excesos. El pueblo cubano ha sido siempre y sigue siendo marionetas de los poderosos.

No he vuelto a Cuba desde que me fuí a los 10 años. Siento un sabor agridulce cada vez que veo las noticias. Me emocioné cuando hace unas semanas me publicaron por primera vez unos poemas en una revista digital independiente de Ciego de Ávila. Pero cuando leo de las frivolidades que escriben intelectuales de aquí y de allá, cuando leo que aplauden a un Lagerfeld que va a montar un circo, entonces una ira interna se apropia de mí. A través de estos 36 años he intentado planear el regreso, pero no he sabido esculpirlo triunfalmente, porque cada vez que empieza la idea a rondarme, recuerdo la odisea de mis padres para sacarnos y se me aflojan las piernas y vuelvo a mi encierro, a un capítulo todavía inconcluso.

Creo no estar preparado todavía, es lo único que puedo deducir. No quiero volver a esa isla sintiéndome que de algún modo le estoy cortando un trozo; ya bastante mutilada está la supuesta “Perla de las Antillas”.

Fuente Viceversa

 

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