La chaqueta de la discordia


Waldo Acebo Meireles

Todo está muy raro, una Primera Dama, hasta ahora muy anodina y reservada, bella, exótica, siempre elegante, con prendas de los mejores y por supuesto caros diseñadores, se despide de una visita a un centro de detención de niños separados de sus padres en la frontera, y se coloca sobre su ropa de los ya antedichos diseñadores una chaqueta de Zara ─¡de $39!─ con un texto en la espalda que dice en grandes letras: “Realmente no me importa ¿Y a ti?”

No tiene ningún sentido, salvo que nuestra inefable Primera Dama piense comprar Zara y le esté haciendo propaganda. No hay ninguna lógica, para después nuestro Presidente lance uno de sus consabidos tuit que tampoco hace ningún sentido. ¿Cuál es la idea? ¿Provocar? ¿Crear un nuevo escándalo, cuando en realidad sobran?

Por mi madre que no entiendo nada, o es que el mandamás derrotado por la opinión pública, que le interesa un poco; la de su supuesto partido, que le interesa algo y la extranjera, que no le interesa nada, decidió dar una pataleta y utilizó a su querida esposa. Qui lo sa.

Un asunto de una banalidad total en una jovencita del común se convierte en un tema nacional, ¿esa era la idea?, no lo sé, y le da pie a nuestro Presidente de atacar una vez más a la prensa, para qué si a él los motivos le sobran. Cómo todo autócrata, o aspirante, tiene una epidermis extremadamente delgada para una leve picadura de los molestos mosquitos de los medios, entonces para qué los provoca, cuál es la idea. O es para alejarlos de la discusión más importante que es la imposibilidad de lograr algo en un Congreso en que su partido tiene la mayoría y no puede aprobar nada concreto, ni decoroso ni indecoroso.

El dichoso texto tiene múltiples lecturas en una quinceañera que lo porte, pero en el caso de la ya mayorcita Melania Trump, no tiene tantos, máxime cuando acaba de visitar un centro donde sufren decenas de niños añorando las caricias de sus padres de los cuales han sido separados y que ella en ningún momento, por lo menos fotografiado, se acercó a ellos, y después se limitó a leer unas pocas palabras de agradecimiento a los funcionarios que dirigen el centro, tuvo que leerlas, no le salieron de la emoción que debió haber sentido, ella que ha demostrado ser una amorosa madre, de su contacto con la víctimas de las cruelísimas medidas denunciadas por media humanidad.

Insisto, ¿qué sentido tiene todo esto? Yo no se lo encuentro, espero que los habituales comentaristas me aclaren mis honestas dudas.

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