El joven Bryan Lavastida, agradecido de Hialeah y su gente

Por Jorge Ebro

Bryan Lavastida echa una mirada al Walker Park, donde practica con su equipo del preuniversitario Westland y no puede evitar un poco de nostalgia, pues en unos meses terminará una etapa importante de su vida.

Después de todo, es estudiante de último año de preuniversitario y pronto tendría que tomar camino, ya sea por lo que le indique el béisbol o por el llamado de otra carrera universitaria.

“Realmente, no quisiera irme de aquí, donde nací y me estoy haciendo un hombre’’, comentó Lavastida, de 16 años. “Va a ser muy difícil decirle adiós a todo esto, pero hay que mirar adelante y enfrentar los retos que vengan’’.

Hijo de padres cubanos y apasionados por la pelota, Lavastida es un típico producto de la llamada Ciudad que Progresa, y por su buen español se aprecia que las raíces de sus mayores han calado hondo en el muchacho.

Y como buen hijo de cubano, desde los cuatro años ya estaba tirando bolas y tratando de conectar batazos, mientras poco a poco en su mente comenzaba a forjarse el sueño de algún día jugar en el mejor béisbol del mundo.

“Es lo que uno siempre quiere desde que toma conciencia de lo que es la pelota’’, afirmó Lavastida. “Pero estoy consciente de que debo trabajar muy duro para lograrlo. Por ahora solo estoy concentrado en ayudar a mi equipo a ganar’’.

Los Wildcats de Westland, por su parte, saben cuánto les puede ayudar Lavastida, quien se desempeña alrededor de la segunda base y no se considera un mal defensor, aunque prefiere el aspecto ofensivo del juego.

Su presencia veterana ha sido una constante en los últimos tiempos para el conjunto y el muchacho entiende el sacrificio que debe hacer para emular a sus ídolos en las Mayores: el cubano José Iglesias, Manny Machado y Derek Jeter.

Bryan Lavastida echa una mirada al Walker Park, donde practica con su equipo del preuniversitario Westland y no puede evitar un poco de nostalgia, pues en unos meses terminará una etapa importante de su vida.

Después de todo, es estudiante de último año de preuniversitario y pronto tendría que tomar camino, ya sea por lo que le indique el béisbol o por el llamado de otra carrera universitaria.

“Realmente, no quisiera irme de aquí, donde nací y me estoy haciendo un hombre’’, comentó Lavastida, de 16 años. “Va a ser muy difícil decirle adiós a todo esto, pero hay que mirar adelante y enfrentar los retos que vengan’’.

Hijo de padres cubanos y apasionados por la pelota, Lavastida es un típico producto de la llamada Ciudad que Progresa, y por su buen español se aprecia que las raíces de sus mayores han calado hondo en el muchacho.

Y como buen hijo de cubano, desde los cuatro años ya estaba tirando bolas y tratando de conectar batazos, mientras poco a poco en su mente comenzaba a forjarse el sueño de algún día jugar en el mejor béisbol del mundo.

“Es lo que uno siempre quiere desde que toma conciencia de lo que es la pelota’’, afirmó Lavastida. “Pero estoy consciente de que debo trabajar muy duro para lograrlo. Por ahora solo estoy concentrado en ayudar a mi equipo a ganar’’.

Los Wildcats de Westland, por su parte, saben cuánto les puede ayudar Lavastida, quien se desempeña alrededor de la segunda base y no se considera un mal defensor, aunque prefiere el aspecto ofensivo del juego.

Su presencia veterana ha sido una constante en los últimos tiempos para el conjunto y el muchacho entiende el sacrificio que debe hacer para emular a sus ídolos en las Mayores: el cubano José Iglesias, Manny Machado y Derek Jeter.

Pero si el destino le tiene otra carta que no sea el béisbol, Lavastida tiene muy claro su futuro: quiere trabajar en algo relacionado con la salud, algo que le gusta por el contacto directo con otros familiares en ese sector.

Otra cosa que ve con claridad, ¿qué siempre tratará de mantenerse en contacto con Hialeah?

“Este es mi mundo y me siento muy agradecido por todo lo vivido aquí’’, recalcó el chico. “Sé que voy a extrañar estos días’’.

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