Los consecuentes y sus consecuencias

Por Waldo Acebo Meireles

Poco me gusta destacar algo positivo en cuanto al nefasto régimen que impera en Cuba, pero hay que decir que ha demostrado ser perfectamente consecuentes. En su anuncio-respuesta al restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los EE.UU, en diciembre del pasado año, el dictador en jefe dejó claramente establecido que iban a:

  • Sostener con el gobierno de EEUU un diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana, para tratar los más diversos temas de forma recíproca, sin menoscabo a la independencia nacional y la autodeterminación de nuestro pueblo.
  • Sin renunciar a uno solo de nuestros principios.
  • Fiel a nuestros ideales de independencia y justicia social.
  • Actualizar nuestro modelo económico para construir un socialismo próspero y sostenible.
  • Mantenemos profundas diferencias, fundamentalmente en materia de soberanía nacional, democracia, derechos humanos y política exterior.

Sin lugar a dudas que se han mantenido fieles y consecuentes a estos principios, no han cedido ni un milímetro, más bien lo contrario elevando la parada cada vez que las decisiones ‘chamberlianas’ de la actual administración norteamericana han hecho entrega, graciosamente, de otro paquete de concesiones sin pedir absolutamente nada a cambio, violando el elemental principio de que las relaciones y acuerdos entre países se basa en el rudimento básico del ‘toma y daca’.

No son razones ideológica las que están determinando esas posiciones intransigentes ya que hasta el fundador en la práctica de ese sistema inviable ante la crítica situación del naciente estado soviético claudicó su ideología antes las realidades y estableció lo que se conoció como la NEP Novaya Ekonomicheskaya Politika y los ‘nepmans’ regularizaron el comercio, establecieron industrias, elevaron la producción agrícola y con ello mejoraron el nivel de vida de la hambreada población. Los ‘nepmans’ no abrieron ‘paladares’ ni timbiriches en forma de cafeterías y pizzerías como ocurre en Cuba, fueron verdaderos agentes de un cambio aunque de corta duración.

Los ‘cuentapropistas’ cubanos no son ‘nepmans’ y tienen limitadas sus opciones y viven en la angustiosa espera de que algún dignatario decida mayestáticamente eliminar las carretillas o poner topes a los precios de un mercado paupérrimo y restrictivo, mientras que por los lares del norte se ilusionan con empoderar al pueblo cubano a contrapelo con las realidades de un medio lleno de limitaciones que reduce el comercio al sector gastronómico o del mercadeo de viandas y frutas; o la producción de misérrimas artesanías y elementales reparaciones de artículos domésticos, entre otras actividades de ínfimo valor económico y que nada tienen que ver con el desarrollo económico de un país.

El desgobierno cubano sigue optando por la entelequia oxímoronica conocida como ‘socialismo del siglo XXI’ que nadie sabe qué quiere decir, aunque si sabemos lo que pretende: perpetuar gobiernos populistas en manos de ineptos y corruptos, despilfarradores de los bienes y recursos de la nación.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas y las políticas y acciones de ella derivadas han tenido consecuencias: un incremento en las represiones, un retroceso en las medidas mal tomadas y peor aplicadas, un nuevo éxodo inicialmente silencioso pero que ha explotado en sus elementos humanitarios, intrínsecos a quienes huyen no de un país sino del régimen que limita el desarrollo de sus ciudadanos.

La única razón que explica la tozudez y estulticia de ese régimen es algo más pedestre que el apego a una ideología caducada el siglo pasado, es la defensa de las mansiones en Miramar y otra zonas privativas, los dineros depositados en algún que otro paraíso fiscal, los yates de recreo, es la conservación y defensa de las ‘mieles del poder’, como alguien alguna vez las llamara, es el temor al necesario ajuste de cuentas que un pueblo oprimido tendrá que realizar en su debido momento.

 

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