Sobre el marxismo esotérico y otra ideas afines.

Waldo Acebo Meireles.

Si quieren no me lo crean pero un estimado amigo me contó que hace algunos buenos años por las tierras del Ariguanabo existía un personaje que decía que él era un materialista esotérico. Aquella declaración de principio siempre me resultó no sólo simpática, atrevida e incoherente, sino de hecho imposible.

¡Qué equivocado andaba yo por esa época! Aquel personaje estaba clarísimo, su autoproclamación no encerraba ninguna antinomia filosófica; ni tenía ninguna pretensión provocativa; no era el producto de una mente desquiciada, por lo menos en el plano individual; ni era una aberración personal. Era, en realidad, la preclara síntesis de la filosofía no oficial de la ‘dirección’ política de Cuba. Era el desquiciamiento, la enajenación, la aberración abominable de todo un país, hasta ese momento más o menos cuerdo.

Oficialmente la declaración de marxista-leninista, materialista consecuente y demás palabrería quedaba desmentida en la práctica diaria, en la cotidianidad del quehacer político, social y económico, en particular en este último.

¿Cómo hacer corresponder con las ideas de Marx declaraciones tales como: crearemos riquezas con la conciencia y no conciencia con las riquezas? O esta otra: con las convicciones del pueblo trabajador elevaremos la producción. Si eso no es esoterismo encubierto, no tan escondido, en declaraciones ‘marxistas’, no me imagino que otra cosa puede ser.

Uno de los supuestos marxistas más connotados y que dejó algunos miles de páginas, publicadas en dos gruesos tomos después de su muerte en Bolivia, realizó algunas definiciones tautológicas. En uno de sus panfletos más estudiados sobre “el hombre nuevo” decía cosas como la siguiente: somos más plenos porque somos más plenos. Al parecer no asistió a las clases de lógica formal cuando estudió el bachillerato en Córdoba.

El mismo concepto de hombre nuevo, “homo novensis” está en la esencia misma del marxismo esotérico, si Marx resucita se vuelve a morir, ni cuando joven cometía esa pifias anti-marxistas, pero bueno alguna vez él declaro que no era marxista, así que sabe Dios.

Declaradamente, o no, el ‘aparato’ pasó por el nacionalismo, el antimperalismo, el trostkysmo, el tercer-mundismo, el anti-sovietismo, el latinoamericanismo, y no recuerdo cuantos ismos mas, al parecer el penúltimo es el bolivarismo. Pero en esencia nunca han dejado de ser unos redomados esotéricos, viviendo en las nubes, en ‘la luna de valencia’ y evitando tropezar con la concreta, con la realidad objetiva como diría cualquier profesor de marxismo.

En la práctica diaria se fue pasando lentamente de la certeza en el triunfo del las ideas marxistas, a la confianza en la revolución y ya en los últimos tiempos a la fe en nuestros dirigentes. Fue un progreso evidente hacia la confirmación del esoterismo como teoría del estado.

Falta por lo menos un último y definitivo desarrollo y este ya se comienza a vislumbrar cuando se empieza a decir que un cadáver está efectivamente gobernando y al tanto de todos los problemas del país. Más adelante presiento, yo también tengo mis inspiraciones, que comenzarán las sesiones espirituales para recibir las orientaciones de nuestro querido líder, [esperemos que no
aparezca en forma de pajarito] que desde el más allá nos seguirá alumbrando el camino con su sabiduría.[1]

Semejante forma de filosofar ha dejado su impronta en el ser del cubano, y sus consecuencias futuras, ya que las presentes son evidentes, las desconocemos pero no auguran nada bueno.

¡Pal cará, Clavelito[2] en el poder!, quien se lo hubiese imaginado.

[1] Hace un cuarto de siglo, más o menos, una amiga —quizás no era tan amiga— se me acercó para proponerme integrar el grupo de estudio del pensamiento de Fidel en el Instituto de Historia de Cuba, no recuerdo como me pude deshacer de tan ‘generosa’ oferta; quizás ese grupo de estudiosos sean hoy los que tienen asignada la tarea del establecer contacto con el difunto, ellos se lo merecen.

[1] Clavelito fue un ‘repentista’ ‘milagrero’ que tuvo un éxito rotundo en la radio de los años 50’, llegando a postularse para Representante a la Cámara, iniciaba su programa con estas afamadas decimas: «pon tu pensamiento en mí, verás que en este momento mi fuerza de pensamiento ejercerá el bien sobre ti».

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